gente dispersa

Alien o el lobo feroz

Posted in Correspondencias by jordi beltran gimeno on octubre 1, 2009

Las segundas partes nunca fueron buenas, pero siempre tuvieron mayores efectos especiales. Claro, la falta de originalidad en el guión se intenta compensar con una mayor pirotecnia. Y las fiestas del barrio acaban siempre así, con petardos, por si acaso: un buen final puede arreglarlo todo. Y de finales que quiero hablar, del de Alien (Ridley Scott, 1979), aprovechando la coyuntura -la cinta cumple 30 años- y rindiéndole mi pequeño homenaje.

Cuando uno es pequeño suele ocurrir que, precisamente y por lo comentado, las segundas partes impactan más. En la escena final de Aliens, el regreso (James Cameron, 1986) nos encontramos a una Sigourney Weaver integrada en una especie de robot-tractor que maneja desde dentro y con el que se enfrenta “cara a cara” con el monstruo, el extraño. Este final es la antítesis de cómo acaba el primer film . Me explico, la Teniente Ripley incapaz de enfrentarse cuerpo a cuerpo, se usa de la tecnología para estar a la altura de la criatura, una criatura que se caracteriza por su capacidad para sobrevivir y depredar. Si muere o no muere es lo de menos, porque no importa el qué sino el cómo. Y respecto a la primera, esta secuela pierde en esencia y elegancia de resolución.

Te acuerdas de la impasible y frívola Ripley, que se hace valer por su disciplina militar, esa que se transmite en la escuela del ejército: la hombría y el valor, o el “cuerpo dócil” ante la táctica de limar y enseñar al cuerpo el detalle mecánico de los movimientos que diría Foucalt. En todo el film la vemos de negro, oscura, mandando, apenas sonriendo, preparada, lista para salir corriendo o para afrontar cualquier imprevisto o peligro. Pero no será a fuerza de empuñar un arma lo que la salvará del extraño. No será su estratagema militar lo que la evitará morir como el resto. Y aquí nos detenemos, recordemos por un momento la escena, quizás, más sensual protagonizada por Sigourney Weaver en una pantalla de cine: aquella en que se despoja de su indumentaria, aquella en la que se nos muestra cercana, mujer. Ripley se queda con unas diminutas bragas blancas y una corta camiseta interior, también blanca y de tirantes. Es en ese preciso momento, encerrada sin saberlo con el extraño en una pequeña cápsula espacial, donde todo toma sentido. Valor y audacia para echar al enemigo de la cápsula, para sentirse por fin, ahora sí, a salvo: una vez desnuda, aparentemente indefensa, se esconde en un traje espacial para tenderle una trampa y deshacerse, por fin, del acoso. La escena podría leerse en clave feminista, pero yo prefiero hablar, simplemente y como mucho, de “arma de mujer”. Quizás debería plantearme seriamente -lo dejo para otro momento, e indagaré si hay algún ensayo al respecto- hacer un pequeño análisis sobre la figura de la heroína: sus transformaciones históricas y las tendencias estéticas que se le han atribuido. Como una especie de repaso que fuera desde Barbarella (Barbarella, 1968) hasta la Trinity de Matrix (1999), por ejemplo. Supongo que el sector feminista, a día de hoy, tendría algo que decir con una figura como la que encarna Jane Fonda, ejerciendo de “Venus del espacio”, buscando cobijo en hombres que la salven de los peligros gracias a sus encantos. En fin, otra manera de ver la capacidad de convicción de la mujer. A mí, la cinta me parece simpática, sin más. Volviendo a Sigourney Weaver, curiosamente, años después protagonizó una película en la que pugnaba con Melannie Griffith, precisamente, por hacerse un hueco en la empresa a base de encanto femenino. El film, cómo no, se llamaba Armas de mujer (Mike Nichols, 1988). Pero eso fue, por culpa de la traducción de su título original “Working girl”. ¿Habría que meter un paquete al traductor por sexista?.

3 comentarios

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  1. arantza said, on octubre 1, 2009 at 7:14 pm

    Hombre, no es lo mismo Sigourney que Trinity. Una es heroína y la otra es “la chica de la película”, es decir, la consorte del héroe. Diferente.
    Y si te gusta Sigourney, te recomiendo “La muerte y la doncella”, de Polanski, que viene al caso (de refilón) con lo que le está pasando ahora a él.

  2. gentedispersa said, on octubre 1, 2009 at 7:38 pm

    Cierto. Además, el personaje Trinity tiene una caracterización muy supeditada al guión. Y no al revés, como Barbarella.

    Otra cosa, la idea de “cuerpo dócil” de Michel Foucault está extraída de “Vigilar y castigar” (1975).

  3. carles said, on octubre 14, 2009 at 9:46 pm

    la millor escena de “Working Girl” és la festa on la Melanie coneix el Harrison Ford:
    està buscant un tal Jack, amb qui està citada per reunir-se el dia següent. ella no sap qui és físicament i va preguntant per ell. finalment es topa amb l’autèntic Jack (que no és altre que en harrison ford), però aquest es fa el despistat i diu que no el coneix. acte seguit li demana uns tequiles i la pobra melanie no es resisteix als seus encants. ella s’emborratxa i ell se l’emporta a casa. de bon matí ella es lleva desorientada sense saber on ha passat la nit. es vesteix i va corrents cap a la reunió deixant un solitari jack dormint la mona… evidentment quan arriba a la reunió es troba (de nou) el harrison ford amb camisa i corbata inmaculades que amb cara de poker li extén la mà i li diu:
    – encantado de conocerla, soy Jack Ryan.

    prenem nota.


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